Desde que soy adulta, nunca le he regalado a mi madre flores como es debido, especialmente claveles.
Como salía de casa temprano por la mañana y volvía tarde por la noche, el tiempo que pasábamos hablando disminuía gradualmente. A medida que pasaba el tiempo, no sabía qué decir, y por timidez y vergüenza, me resultaba difícil expresar palabras sinceras de amor.
En aquel momento, me animé al leer las reseñas. Me di cuenta de que incluso las pequeñas acciones pueden generar un cambio.
Por eso le regalé un pequeño clavel a mi madre.
Normalmente, me saludaba preguntándome si había regresado, pero al ver los claveles, sonrió con alegría. Simplemente le entregué las flores sin decir una palabra.
Sentí vergüenza al ver aquello. Recordé mi propio pasado tonto y me di cuenta de que no había logrado hacer sonreír a mi madre durante todo este tiempo, a pesar de que no era un trabajo difícil ni costoso.
Pero ahora las cosas serán diferentes.
Me esforzaré por brindar más sonrisas a mi familia practicando el lenguaje del amor hacia mi madre, el miembro más preciado de mi familia, por pequeño que sea.