Mi hija de dos años y medio está aprendiendo a hablar, pero todos los días antes de que me vaya a trabajar me dice: "Mamá, abrázame". Cuando me ve llegar a casa, me saluda: "¡Mamá, ya estás en casa!". Incluso cuando le preparo la leche de fórmula, me dice feliz: "Gracias, mamá". Cada vez que la oigo, mi corazón se llena de ternura y me doy cuenta de la importancia del lenguaje cariñoso de mi pequeña.
© Queda prohibida la reproducción o redistribución no autorizada.
5