Me cuesta mucho elogiar no solo a desconocidos, sino también a personas con las que he desarrollado una relación cercana. Como a mucha gente, suelo fijarme en los defectos y los descuidos.
Pero hoy decidí intentar usar palabras positivas que animen a los demás y les transmitan emociones positivas.
El resultado superó todas las expectativas. Quienes me conocían desde hacía tiempo se sorprendieron por el cambio radical y apoyaron mi iniciativa. Gracias a los agradables intercambios, el ambiente fue positivo y alegre durante todo el día.
Fue un experimento interesante para mí. No esperaba que se sintiera tan bien elogiar a los demás, incluso por lo que consideramos las cosas más triviales. Aunque estaba halagando a otros, mi corazón rebosaba de felicidad e inspiración.
Las palabras de amor de una madre cambian nuestras vidas para mejor, trayéndoles paz, amor y esperanza.