Parecía sencillo, pero lo transformó todo.
Fue eso: transmitir palabras con el amor de la Madre. 
Al principio, fue necesario un esfuerzo consciente.
Comenzamos cambiando un “¿por qué hiciste eso?” por un “gracias por tu esfuerzo”,
y un silencio incómodo por un “te aprecio mucho”.
Poco a poco, esas palabras empezaron a llenar los espacios y se sentían diferentes…
más cálidas, más sinceras.
Los hermanos y hermanas que casi no venían empezaron a venir cada vez con más frecuencia.
Recuerdo que un día, en la iglesia, una hermana me dijo:
“Algo ha cambiado. Me siento tranquila, como en casa.”
Y ese sentir no era solo de ella.
Sin darnos cuenta, las risas se hicieron más frecuentes,
los saludos más sinceros, y los corazones más abiertos.
Hay alegría, paz, y amor en cada palabra.
Gracias por darnos esta oportunidad tan bendita de ser transformados tan hermosamente. 💕 💕