Mi hijo ha cambiado mucho desde que asistió al seminario El Lenguaje del Amor de Madre.
No se llevaba muy bien con su hermano mayor, que vivía en el barrio y que había nacido tres meses antes que su hijo.
Pero un día, cuando volví de salir, me sorprendió verlos tocando juntos.
Me preocupaba que nos volviéramos a hacer daño y rompiéramos.
Contrariamente a mis expectativas, nos llevamos bien, practicamos el lenguaje del amor maternal y somos considerados el uno con el otro.
Gracias a la sanación entre los dos niños, la paz también ha llegado a la relación entre los padres.
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