Cuando conocí el lenguaje del amor de mi madre, pensé que eran frases comunes y corrientes. No les presté mucha atención, preguntándome: "¿Qué tienen de especial?". Pero después de que la iglesia me aconsejara ponerlo en práctica, obtuve resultados inesperados. Logré disfrutar de momentos más felices e íntimos con mi familia. Mis compañeros de trabajo, con quienes antes no tenía una buena relación, empezaron a acercarse e incluso me invitaban a comer a restaurantes. Ahora, he decidido aplicar el lenguaje del amor de mi madre a mi vida diaria.
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