Mi hijo, que este año pasó a tercer grado de primaria, fue elegido vicepresidente en las elecciones de la clase.
Durante las elecciones, mi hijo hizo una promesa diciendo: "Si llego a ser vicepresidente, haré de esta una clase llena de amor y consideración". El niño atesoraba profundamente el "lenguaje del amor materno" que siempre escuchaba y veía en casa.
Al día siguiente de ser elegido, mi hijo dijo que llevaría el cartel de "El lenguaje del amor de una madre" de casa al colegio. Dijo que quería pedirle permiso a su profesora para colgarlo en clase y así cumplir una promesa que les había hecho a sus amigos. Fue al colegio algo nervioso, pero regresó contento tras recibir el permiso de la profesora.
Al día siguiente, cuando llevé un póster grande, la maestra lo colgó personalmente en la puerta del aula. Le tomó una foto a la escena y también me la envió. Al ver la foto, me sentí muy orgullosa del niño por haberse esforzado en cumplir la promesa que les había hecho a sus amigos.
Mi hijo, que siempre me había parecido tan pequeño, me sorprendió enormemente al verlo pensar y actuar por sí mismo. Me sentí orgulloso e impresionado al verlo expresar sus ideas con tanta seguridad delante de sus amigos.
Aunque aún sois jóvenes, espero que asumáis la responsabilidad y desempeñéis bien el papel que os ha sido asignado, y que creéis un ambiente cálido en clase junto con vuestros amigos.