Mi hija, que se está preparando para ser auxiliar de enfermería, me envió un mensaje de texto durante su descanso que decía: "Siento que mi alma ha abandonado mi cuerpo".
Le respondí con un mensaje de elogio y aliento, diciendo: “Mamá, estás haciendo un gran trabajo con el lenguaje del amor~ Todo saldrá bien~ ¡Eres increíble!”. Entonces mi hija me respondió diciendo: “Mamá, eres mi vitamina”.
Sinceramente, últimamente mi hija y yo nos hemos lastimado con frecuencia por nimiedades. Sin embargo, al intentar practicar el lenguaje conciliador del amor de madre, esa brecha se va cerrando poco a poco y el ambiente en casa se está volviendo mucho más cálido.
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