Debido a la naturaleza de mi trabajo, enseño a un niño por un período que va desde uno hasta nueve años.
He sido un profesor un poco aterrador, y siempre he querido ser un profesor amable y gentil.
Pero hubo muchas veces en que me sentí decepcionado porque las cosas no salieron tan bien como yo quería.
En retrospectiva, siempre que los niños no entendían, el primer pensamiento que les venía a la mente era: "¿Cómo es posible que no sepan esto después de tanto tiempo estudiando?". Y ese pensamiento salió de mi boca y se transmitió a los niños.
El lenguaje del amor maternal se ha convertido en un catalizador de cambio en mi vida.
Al tratar con niños, en lugar de preguntar “cómo” o “por qué”, comencé a pensar y decirles: “Está bien. Puede suceder”.
Entonces, se volvió natural decir cosas como: "Te voy a animar", "Eres increíble" y "Lo estás haciendo bien".
Cuando le dije a un chico que pronto será estudiante de secundaria: "Lo estás haciendo bien. Estaré apoyándote @@",
Vi a mi hijo sonreír radiantemente y decir: «Gracias, maestra». En ese momento, pensé: «Nunca les había dicho palabras tan cariñosas a mis hijos».
El lenguaje del amor maternal fue un lenguaje que me permitió reflexionar sobre mí misma y comprender más profundamente a mis hijos.
Gracias♡♡