Al principio me sentí muy incómodo y avergonzado de sonreír y saludar a un extraño que estaba más abajo que yo.
Con la mentalidad de “practiquemos el lenguaje del amor maternal”
En el ascensor, lo primero que hice fue saludar a mi vecino diciéndole: "Hola. Hace mucho frío, ¿verdad?".
Una sonrisa brillante apareció en el rostro inexpresivo de mi vecino.
—Sí, hola. Creo que está mejor que ayer —respondió.
Verdaderamente, el lenguaje del amor maternal parece una herramienta milagrosa que ilumina la comunicación entre familias y vecinos.
Me alegro de ser parte de este milagro~^^
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