Soy una persona que conduzco mi coche todos los días.
Sólo uso el transporte público unas cuantas veces al año.
Sin embargo, hace unos días tuve un pequeño accidente y tuve que llevar el coche al mecánico y utilizar el autobús del pueblo.
Cuando subí al autobús, quise practicar el “lenguaje del amor maternal”.
Saludé al periodista con un "hola", pero no hubo respuesta.
Al día siguiente dije el mismo saludo y subí al autobús.
Aunque el caballero no respondió, el hecho de que realmente ofreciera su saludo me calentó el corazón.
Pero después de un tiempo, fui testigo de una visión extraña.
El conductor primero saludó a los pasajeros que descendían diciéndoles: "Que tengan un buen día".
Y el pasajero respondió: "Gracias" y bajó.
Me impresionó el hecho de que un breve saludo pudiera cambiar la atmósfera en el autobús.
Que pequeñas acciones pueden cambiar el mundo
Y sentí que esta campaña era absolutamente necesaria para esta sociedad.