Anteayer me encontraba esperando el autobús para volver a casa después de asistir a un servicio.
Le dije "Hola" al conductor que trabajó duro conduciendo hasta la noche.
Si al caballero le gusta, lo aceptará y dirá "Hola".
Incluso al bajar del último, le dije: "Gracias, conductor".
Él dijo: "Adiós, señor".
Era un día muy cálido.
El lenguaje del amor maternal es un saludo conmovedor. ¡Debo seguir practicándolo!
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