Recientemente tuve herpes zóster y estuve muy enferma.
Me encontraba en casa cuando recibí una llamada de un familiar inesperado.
¿Estás bien? ¿Te duele mucho? Todos estamos rezando por ti. Anímate.
Fue un momento en el que me dolía el cuerpo, pero mi corazón se calentaba con los corazones sinceros de mi familia.
Me sentí agradecido por ese sentimiento y pude expresar mi gratitud aún más de lo habitual.
Me hizo pensar nuevamente en cuánto poder puede tener una sola palabra.
El lenguaje del amor maternal es lo que nos ayuda a soportar los momentos difíciles y desafiantes.
Sentí un gran poder.
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