Como es invierno aquí en Oregón, no hemos podido jugar tanto baloncesto como nos gustaría debido al frío de la lluvia. Sin embargo, recordé que mi universidad tiene una cancha de baloncesto cubierta.
Hemos estado tocando allí durante un par de semanas y me he dado cuenta de lo lento que soy para elogiar la habilidad de los que me rodean. Después de escuchar a la Madre decir que debemos practicar los cumplidos, he estado tratando de adoptar el hábito de felicitar a los que me rodean por sus habilidades cada vez que jugamos.
¡Gracias Madre por permitirnos jugar baloncesto todo el año para que podamos estar unidos y para que yo pueda aprender a felicitar y rendirme a quienes me rodean!
© Queda prohibida la reproducción o redistribución no autorizada.
152