Un amigo cercano conmigo se cambió de escuela.
Es la última vez, así que me despido y escribo una carta con pesar.
Me animó diciéndome: “Te irá bien dondequiera que vayas”.
Después de leer la carta, mi amigo me dijo:
“Tus palabras siempre han sido una gran fuente de fortaleza, ¡y no te olvidaré ni siquiera después de cambiar de escuela!”
Acabo de practicar el lenguaje del amor maternal.
¡Me siento agradecida de haber podido ayudar a mi preciosa amiga!
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